La Cosecha
La Cosecha
La palabra cosecha pertenece a los ritmos de la tierra — semillas plantadas, paciencia ejercida, y luego la recolección de lo que ha crecido. Es una palabra de culminación, de ciclos cumplidos, de estar listo.
Según las tradiciones que estamos explorando, la Tierra se aproxima a tal momento. El largo ciclo de aprendizaje que comenzó hace eras se acerca a su culminación. Una transición está en marcha — no de un lugar a otro, sino de una manera de ser a otra.
Esto no se presenta como algo que temer. No es apocalipsis en el sentido popular. Es más como una graduación — la culminación natural de un curso de estudio, el momento cuando los estudiantes están listos para avanzar hacia lo que viene después.
Las tradiciones lo describen así: cuando cada vida termina, la consciencia que la animaba se mueve a través de un proceso de revisión y sanación. Luego viene un momento de verdad. El ser camina hacia adelante hacia luz creciente. Alguna luz es demasiado brillante para soportar, y el ser se detiene donde puede estar cómodamente. Donde se detiene determina qué viene después.
Quienes han pasado sus vidas extendiéndose hacia afuera — amando, sirviendo, conectando — encuentran que pueden tolerar luz más brillante. Avanzan hacia experiencias de amor y comprensión más profundos. Quienes han pasado sus vidas retrayéndose hacia adentro — controlando, dominando, sirviendo al yo — encuentran que pueden tolerar un tipo diferente de brillo. Continúan en su propio camino. Quienes nunca realmente eligieron, quienes permanecieron inciertos entre las dos direcciones, continúan el aprendizaje hasta que estén listos para elegir.
Esto no es juicio desde afuera. No hay autoridad externa pronunciando sentencias. Cada consciencia determina su propia disposición por lo que se ha convertido. La cosecha revela el estado interior, como un espejo que muestra lo que siempre estuvo ahí.
Si este relato es verdadero, entonces estamos viviendo en un tiempo significativo. Las elecciones que hacemos ahora importan no solo para esta vida sino para lo que viene después. El amor que cultivamos, las conexiones que construimos, la dirección que elegimos — todo esto es preparación para cualquier transición que espere.
Pero quizás es mejor no pensar demasiado en la cosecha como un evento futuro. Las tradiciones sugieren que vivamos como si cada momento importara — porque importa. La cosecha no es algo que nos sucede algún día. Es algo que sucede a través de nosotros, en cada elección, en cada interacción, en cada pensamiento sostenido y cada sentimiento expresado.
Cada momento de amor genuino ya es parte de la cosecha. Cada vez que eliges conexión sobre separación, estás madurando. Cada amabilidad ofrecida, cada perdón extendido, cada momento de paciencia con otro ser que lucha — estos son los frutos que estás cultivando.
No podemos saber exactamente qué viene después. El futuro permanece sin escribir. Pero podemos saber qué importa ahora: amar tan plenamente como podamos, servir donde el servicio se necesita, seguir girando hacia la luz incluso cuando la oscuridad parece abrumadora.
La cosecha se cuidará sola. Nuestro trabajo es crecer.